Inteligencia Emocional

por / martes, 13 septiembre 2016 / Publicado enBlog

El miedo, el rencor y la culpa son nubes lúgubres y espesas que nos impiden percibir el brillo de nuestro sol interno en su totalidad. En realidad tanto fuera como dentro de nosotros el sol siempre está ahí, pero no importa la realidad y lo que importa es como la percibimos y si la percibimos gris, así la viviremos. Por ello creo que un proceso fidedigno de desarrollo de inteligencia emocional (IE) no pasa por dar o añadir nuevas herramientas y sí, por ajustar los filtros emocionales que nos impiden ver la realidad tal como es, con sus luces y sombras.

El miedo es la emoción más básica por excelencia

En realidad somos miedo con piernitas, está tan enraizado en nuestra cultura que ya no distinguimos el miedo bueno del malo. El bueno es aquél que nos protege y está al servicio de la perpetuación de la especie, es decir el miedo real a cosas reales. El malo es el miedo psicológico que nos paraliza, creado por el condicionamiento y la cultura. Como decía el filósofo francés Michel de Montaigne “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias e infortunios la mayoría de los cuales nunca llegaron a suceder”. El arte para una vida más plena es aprender a separar una cosa de la otra, que no es fácil pero tampoco imposible.

El rencor y el perdón

Creo que todos estamos de acuerdo en que el rencor es el veneno que te tomas para matar al otro. El antídoto para librarse del rencor es el perdón y perdonar al otro y principalmente a nosotros mismos, está a nuestro alcance.

Culpa o responsabilidad

Otra emoción espinosa es la culpa y si queremos familiarizarnos con ella, debemos minimizar nuestro condicionamiento religioso que la asocia a algún tipo de castigo. Para esto sería más productivo cambiar la expresión culpa por responsabilidad, no es lo mismo preguntase qué culpa tengo yo en algo, que cuál es mi responsabilidad en ello ¿verdad? Normalmente la culpa se genera a partir de un carácter muy exigente y de una imagen híper valorada de uno mismo que vendemos a la sociedad y no damos a basto en mantenerla. Así que el truco está en la humildad, en disminuir la autoexigencia, retractarse y perdonarse a uno mismo.

Como hemos visto, en la mayoría de los casos bajar la intensidad del miedo, del rencor y de la culpa está en nuestras manos, entonces ¿por qué muchas veces nos apegamos tanto a estas cargas emocionales? ¿Por qué no somos más realistas, más compasivos y más humildes, ya y empezamos a disfrutar de los rayos del sol de la vida con más intensidad?

Saludos y buena semana,

Rafeek Albertoni

Coach, ilusionista, autor del libro “Coaching para Trabajar de Fábula”.

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