La mirada del turista

por / miércoles, 12 noviembre 2014 / Publicado enBlog

Dedicado a todos aquellos que por una u otra razón, no se han podido ir de vacaciones.

 Existe un fenómeno curioso que se da cuando nos vamos de vacaciones. Nos despertamos en otra ciudad, con otra luz, otros sonidos y nos deparamos con lo desconocido. De un momento a otro, descubrimos que  sobre las tiendas hay pisos superiores y que incluso existen magnificas fachadas y preciosidades arquitectónicas ahí arriba, bajo ese cielo de un azul infinito,  que hay jardines preciosos por doquier y… -¡Mira qué guapo ese perrito!, -¡Mira aquel niño tan mono disfrutando de un helado, lleno de churretes!, -¡Mira, mira que vida tan aventurera tienen esos artistas de calle!

Una infinidad de misterios se revelan y la vida se torna psicodélica y nos asaltan expresiones típicas cómo, -¡Aaaaah, que sensación de paz y tranquilidad!, -¡Es que esta ciudad es maravillosa!, o  -La brisa del mar es sanísima, o -Vivir en el campo es otra cosa, -¡Esto sí que es vida!

Pero algo que olvidamos es que en esa misma ciudad o pueblo, con todos esos encantos, vive mucha gente infeliz que no ve y no sienten esas maravillas que parece que solo se revelan a los ojos del viajero. Esto sucede porque los ojos se acostumbran y la mente ansía la novedad por más bella o hermosa que ya sea la vista. Con el goteo de los días dejamos de deslumbrarnos, bajamos la mirada y solo somos capaces de contemplar nuestro universo interior cegado por los problemas, objetivos, frustraciones y exigencias diarias.
A esta misma ciudad, de la cual ahora huyes despavorido con el coche lleno hasta las trancas, puede que acabe de llegar un viajero que está encantado con todo lo que ve, por la única razón de qué lo ve por primera vez, con ojos limpios, capaces de ejecutar la mirada del turista.
Así que, si por una u otra razón no te ha sido posible salir de vacaciones, aprovecha esta oportunidad para redescubrir tu entorno, a lo mejor descubrirás que lo que realmente buscas son vacaciones de ti mismo, de los viejos patrones y de la esclavitud de la mente insaciable de nuevas emociones y estímulos. Al final, puede que te des cuenta de que el paraíso no es un sitio donde tenemos que llegar y si algo que siempre llevamos con nosotros.
Bueno, gracias por leerme. Me despido porque tengo que coger un avión a Cancún… ¡¡Que nooo, que es broma, que sigo aquí pringando!!

Rafeek Albertoni

Coach ilusionista

 

 

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